¿Juzgas y criticas demasiado?

Hospital de Día

juzgarEl juicio es como el colesterol: hay uno “bueno” y uno “malo”. El primero es el “discernimiento”,  y el segundo, “el enemigo del amor”. Cuando condenas a los demás, ese sentimiento desapacible se expande en todas las direcciones y acaba por salpicarte a ti mismo. Y lo que es peor aún: las faltas que juzgamos con más dureza en los demás suelen ser nuestras propias negatividades proyectadas hacia fuera.

Juicio tóxico

No cabe duda de que la mayoría de nosotros emitimos juicios con una facilidad pasmosa. Incluso a menudo obtenemos cierta satisfacción lanzando contra alguien los dardos de nuestra censura. Ese es el problema: la liberación de un juicio interior nos hace sentir superiores. Nos sentimos genial cuando detectamos los fallos de nuestros padres, amigos, profesores y jefes, y los criticamos con sarcasmo y agudeza.

Juzgar alimenta las pasiones –el sentido de injusticia, la ira contra el “culpable”, la simpatía…

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